lunes, 9 de mayo de 2011

Te echo de menos

Opto por reconocerlo, ya que negarlo (o, al menos, intentarlo) no me sirve de nada. Quisiera hablar contigo. He de reconocer que siento un vacío... algo en mí nota que ya no estás... al menos, no de la misma forma que antes. Pero no te lo voy a decir, no quiero, no puedo. Recuerdo, revivo, pienso, intento olvidar... Cada día, cada instante. Pero no puedo, no quiero. Te echo de menos. Es irremediable. No se puede evitar. Quisiera un día más... o varios, puestos a pedir. Pero sí, creo que uno me bastaría. Para aclararme, para estar contigo, para ver otra vez esos ojos que tanto me dijeron. Para sentirte cerca... para aguantarme, de nuevo, las ganas de besarte, o de abrazarte; para finalmente hacerlo, o tal vez para no hacerlo... Para vivir todas esas opciones, o para no vivirlas... en fin. Para todo eso, y más (o menos). Mmm... Sí, creo que te echo de menos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Casualidades de la vida

Un destino incierto y casual me llevó a aquel momento. Momento que hoy día tampoco sabría describir. Y ahí estábamos... Tu mano rozó la mía... o tal vez, simplemente fue una ilusión de mi subconsciente. Pero tu olor era real, esa fragancia que aún recuerdo, y que todavía puedo respirar si pienso en ti. Ahí estabas, sí... delante de mí, mirándome, hablándome, sonriéndome. ¿Y yo? Símplemente te miraba. Y no hacía más... tal vez hablaba, sí, pero no conseguía decir nada que tuviese el mínimo sentido ni siquiera para mí. Me sentía bien, ahí contigo... Fue un minuto que duró horas, días e incluso meses, pero que pasó más rápido que un segundo.

sábado, 16 de abril de 2011

Calles sin sentido

Hoy he estado paseando. He pasado y avanzado por enormes y eternas calles que me contaban historias infinitas sin resultado concreto, y que no me llevaban a un lugar que mereciese la pena visitar. Por las ventanas podía ver resquicios de recuerdos casi olvidados por completo, que realmente apenas tenían valor... o sí. Y en los peldaños de las escaleras que a mi paso encontraba, mis huellas marcadas en los días me contaban mi vida. En las esquinas, en los callejones... podía ver las escenas de mi vida que había preferido esconder, guardar, no enseñar a nadie, ni siquiera a mí misma, para así lograr evadir mi mente. Pero, realmente, por mucho que intente conducirme por otros caminos... esas calles siguen estando ahí, y siempre lo estarán. Los mismos rincones, los mismos cruces que en su día me hicieron sentir tan extraña. Y encontré el rincón. Ese que guardé solamente para ti, con cada una de tus caricias y de tus besos, con cada uno de tus gestos y manías, con tus momentos, con tu voz, con tu cara, con tu olor. Y pasé horas ahí, observando la "nada". Mirando casi sin parpadear lo que hacía ya tanto tiempo se había esfumado. Lo que tanto había querido y tanto extrañaba -aunque no lo admitiera-. Reviví, una vez más, la primera vez que te ví, la primera vez que me tocaste, que te toqué, la primera sonrisa y los primeros nervios, la primera vez que me besaste y la primera vez que te sentí a mi lado. Recordé todo, tanto lo bueno como lo malo. Y, como todo, hay una primera y una última vez... y tu última vez también sigue presente en mí.

domingo, 27 de marzo de 2011

Un baile eterno...

Decidió salir a la terraza. Ahí estaba ella, con una copa de vino en la mano, y su flamante vestido aún no estrenado...
-¿Te sucede algo?
La chica dio un sorbo, y le miró.
-¿Crees que me pasa algo?
-Todo el mundo está dentro divirtiéndose... Y vi cómo salías entre el gentío. Estaba preocupado por ti...
El sorbo de la chica acabó con el contenido de esa copa.
>Si quieres voy dentro a por más, y me lo cuentas.
-... Espera, mejor si te quedas... Se está demasiado bien aquí fuera, como para que pierdas tu tiempo entrando a por una bebida insignificante.
-Tienes razón. Espero que sólo fuera que tenías ganas de respirar aire fresco. Si no es así, vengo a solucionar lo que sea. Si es así... vengo a hacerte compañía, si tú quieres.
>Mi padre no viene a buscarme hasta dentro de 2 horas, y me estaba explotando la cabeza ahí dentro...
-Realmente no sé si me pasa algo, si tenía algo en la cabeza... quizás solamente es eso, querer respirar aire fresco... Sea como sea, tu compañía me basta para todo.
-Me gusta ser tu aire puro... Igual que me gusta lo bien que me siento ahora contigo, en comparación con hace un momento. Es algo casi sobrenatural, ¿sabes?
-Estoy sintiendo lo mismo... Es curioso como una persona puede completar un vacío que no puedes ni explicar.
-Si lo pudieramos explicar probablemente ya no sería un vacío...
>Estamos rodeados de cosas, en realidad. Gente bailando, música fuerte, fiesta... Y aun así me sentía vacío hace un momento. Como si a mi chupito de tequila le faltase la sal...
-Inexplicable es la palabra, supongo... Es igual, lo importante es este momento... Aquí, contigo.
-Ya no me siento vacío...
Se acercó unos centimetros...
>Dentro no saben disfrutar de la música... Este silencio nuestro es mejor. Deberíamos enseñarles. ¿Bailamos?
Le cogió la mano.
-Sería perfecto...
-¿Lo ves? Ahora somos tú y yo. La música es a nuestro ritmo, y no nosotros al suyo.
-Cierto. Tú y yo... y no hace falta más. Me basta con sentirte aquí, protegiéndome con tus brazos, para sentirme tranquila... y para querer que esto nunca acabe.
-Esto no acabará si tú no quieres. El tiempo no existe. Solo tú y yo...
>Y me gustaría fuera así ... eternamente...
Acarició su mejilla derecha, y sin decir nada más, la besó...


~F. Fernández
~M. Bernabé.