domingo, 1 de julio de 2012
Favorito
Te convertí en mi "algo favorito". Cuando me preguntaban qué era lo que más me gustaba, aunque fuese sobre algo concreto... yo pensaba en ti. Y en tus ojos al mirarme.
Cuando tienes un favorito todo parece más sencillo. O más complicado, depende de cómo lo mires. Una persona que habita en ti desde que te despiertas hasta que te vuelves a despertar, y así sucesivamente.
Pero todo cambia cuando tienes que coger a esa persona, a tu persona, a tu favorito, y lo tienes que meter en una caja y olvidarlo. Sacas sus defectos, por pequeños e insignificantes que sean. Los haces enormes y te autoconvences de que no es bueno. Aunque también sacas sus virtudes. Pero las haces tan diminutas que apenas se pueden apreciar y, además, las rompes como si fuese papel viejo y pasado. Tal vez sea porque todo se convirtió en algo viejo y pasado, ¿no? El tema es que lo haces tan pequeño entre sus enormes defectos -defecto que un día viste como virtud- que consigues meterlo en una cajita tan pequeña que la podrías ocultar en tu puño sin problema. Entonces esa cajita la metes dentro de otra caja un poco más grande y más fea, que es tu falsa sonrisa, y lo tiras todo al mar. Observas bien y hasta que la vista te falla como esa caja se va alejando. Tarda. Tarda mucho. El mar parece que no quiere moverse y alejarte de toda esa porquería ya mojada. Pero entonces una pequeña ola llega. Y otra. Y otra. Y así hasta que la cajita se pierde de vista con su falsa sonrisa y su dolor y vuelves a notar la brisa que un sucio cristal un día te quitó.
sábado, 9 de junio de 2012
Aburrimiento sería la palabra
¿No os pasa que a veces os da por pensar en cosas que no deberíais? Pues bien, a mí me pasa con demasiada frecuencia. Y no me refiero solo a cosas tristes o pasadas que por unos segundos te dibujan una sonrisa en la cara y luego te dejan mal para todo el día. También hay cosas no-tristes que no se deben pensar, como en ciertas personas que fueron amigos y dejaron de serlo tan rápido como se parpadea, o que directamente nunca lo fueron; también hay momentos en los que te pones tu solita a filosofar sobre el por qué de tu existencia -sí, esa que tanto agrada a unas personas pero que a la vez tanto desagrada-; te puedes llegar a plantear incluso cosas enormes que harás cuando tengas la edad. Entonces viene la siguiente pregunta: ¿y cuándo será esa edad? Tienes tu vida organizada a la perfección en tu mente y así es como sueñas que sea, pero... ¿y si no?
Esto sería un prototipo de cosas que no hay que pensar demasiado. Mi respuesta a esta infinidad de cosas casi siempre es: Dios dirá.
Pero entonces, cuando me respondo a mí misma eso, aparece una vocecita toca narices dentro de mi mente que me dice: ¿y si Dios no dice? Y entonces empieza otro incesante ir y venir de pensamientos agotantes y sin sentido que solo te hacen perder el tiempo en los momentos más claves de tu día a día: como una época de exámenes, una cita especial, unos trabajos, unas conversaciones importantes... Lo que sea.
El pensar es demasiado malo (llego a esta conclusión después de muchas hostias). ¿Cómo podía gustarles a gente como Aristóteles, Kant, Nietzsche -y un largo etc- pasarse el día entero pensando y sacando conclusiones sobre la vida de gente a la que ni conocían? Es algo realmente agotador.
Pero claro, por otro lado está la satisfacción de pensar, ¿no? Ese momento (la palabra ideal sería: glorioso) en el que, tras mucho pensar, encuentras la respuesta que esperabas, recuerdas lo que querías recordar, yo que se... Es ese momento en el casi llegas a pensar: coño, pues pensar mola.
Pues... no, no os engañéis.
miércoles, 30 de mayo de 2012
Momento dulce
El viento balancea las hojas, verdes de vida. El Sol, en lo más alto, parece sonreír, saludar y charlar con cada persona. No hay nubes, ¿para qué? No hacen falta.
Todo es perfecto. Bueno, casi todo. Incluso dentro de ti. Esos días oscuros parecen disiparse poco a poco con cada segundo de libertad que el viento te brinda. No buscas inspiración: no la necesitas. No añoras alegría: ya la tienes. No ansías vida: ahora es toda tuya.
Estás en un buen momento. Unas presiones por aquí, unos problemillas por allá... pero incluso llegas a sentir que nada puede salir mal. En las revistas, la gente llama a esto "momento dulce". Pero, bueno...
Realmente, una sensación así es más que eso.
Imagen por cortesía de Miguel Rodríguez Germán.
http://miguelrodriguezphotos.blogspot.com.es/
Todo es perfecto. Bueno, casi todo. Incluso dentro de ti. Esos días oscuros parecen disiparse poco a poco con cada segundo de libertad que el viento te brinda. No buscas inspiración: no la necesitas. No añoras alegría: ya la tienes. No ansías vida: ahora es toda tuya.
Estás en un buen momento. Unas presiones por aquí, unos problemillas por allá... pero incluso llegas a sentir que nada puede salir mal. En las revistas, la gente llama a esto "momento dulce". Pero, bueno...
Realmente, una sensación así es más que eso.
Imagen por cortesía de Miguel Rodríguez Germán.
http://miguelrodriguezphotos.blogspot.com.es/
sábado, 21 de abril de 2012
Mensajes
El otro día, mientras subía las mismas escaleras de cada día, miré a mi derecha y durante unos segundos observé el pasillo que había. Ese pasillo en el que descubrí tantas cosas con una sola palabra. Reviví el momento en que todo ocurrió, en que esas palabras y esos hechos entraron en mi mente y así, como por arte de magia, averigüé todo lo que tenía dentro.
La verdad, me acuerdo bien de aquello. Y sin tan siquiera cerrar los ojos y concentrarme, vuelvo a vivirlo. Y, como aquel día de Junio, me sigo preguntando qué fue, qué tuvieron aquellas palabras de especial -tan normales como cualquier otras- que consiguieron introducirme en un mundo que pocas, muy pocas veces había visitado. Un mundo del que cada día me alejo más.
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