sábado, 14 de mayo de 2011

Sin tanto que decir


La almohada me recomienda que olvide. Que deje el tiempo correr de la mano de mis recuerdos para que así mi cabeza ordene pensamientos cifrados. Incluso ese objeto acolchado sabe más de mí que yo misma. Escucha cada uno de mis pensamientos, sensaciones, sentimientos, sin necesidad de que se los cuente con palabras; recoge y seca mis lágrimas y me acaricia intentando consolarme, procurando que el sueño entre en mí y me haga olvidar durante unas breves horas todo lo que me daña. Todo esto simplemente se está añadiendo a mi lista negra... a ese repertorio de fracasos y malas rachas que cuelgan de mi cartera unidos a mi DNI, para siempre. Quizás valió la pena dejar que...
-Quizás... pero solo quizás.

lunes, 9 de mayo de 2011

Te echo de menos

Opto por reconocerlo, ya que negarlo (o, al menos, intentarlo) no me sirve de nada. Quisiera hablar contigo. He de reconocer que siento un vacío... algo en mí nota que ya no estás... al menos, no de la misma forma que antes. Pero no te lo voy a decir, no quiero, no puedo. Recuerdo, revivo, pienso, intento olvidar... Cada día, cada instante. Pero no puedo, no quiero. Te echo de menos. Es irremediable. No se puede evitar. Quisiera un día más... o varios, puestos a pedir. Pero sí, creo que uno me bastaría. Para aclararme, para estar contigo, para ver otra vez esos ojos que tanto me dijeron. Para sentirte cerca... para aguantarme, de nuevo, las ganas de besarte, o de abrazarte; para finalmente hacerlo, o tal vez para no hacerlo... Para vivir todas esas opciones, o para no vivirlas... en fin. Para todo eso, y más (o menos). Mmm... Sí, creo que te echo de menos.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Casualidades de la vida

Un destino incierto y casual me llevó a aquel momento. Momento que hoy día tampoco sabría describir. Y ahí estábamos... Tu mano rozó la mía... o tal vez, simplemente fue una ilusión de mi subconsciente. Pero tu olor era real, esa fragancia que aún recuerdo, y que todavía puedo respirar si pienso en ti. Ahí estabas, sí... delante de mí, mirándome, hablándome, sonriéndome. ¿Y yo? Símplemente te miraba. Y no hacía más... tal vez hablaba, sí, pero no conseguía decir nada que tuviese el mínimo sentido ni siquiera para mí. Me sentía bien, ahí contigo... Fue un minuto que duró horas, días e incluso meses, pero que pasó más rápido que un segundo.

sábado, 16 de abril de 2011

Calles sin sentido

Hoy he estado paseando. He pasado y avanzado por enormes y eternas calles que me contaban historias infinitas sin resultado concreto, y que no me llevaban a un lugar que mereciese la pena visitar. Por las ventanas podía ver resquicios de recuerdos casi olvidados por completo, que realmente apenas tenían valor... o sí. Y en los peldaños de las escaleras que a mi paso encontraba, mis huellas marcadas en los días me contaban mi vida. En las esquinas, en los callejones... podía ver las escenas de mi vida que había preferido esconder, guardar, no enseñar a nadie, ni siquiera a mí misma, para así lograr evadir mi mente. Pero, realmente, por mucho que intente conducirme por otros caminos... esas calles siguen estando ahí, y siempre lo estarán. Los mismos rincones, los mismos cruces que en su día me hicieron sentir tan extraña. Y encontré el rincón. Ese que guardé solamente para ti, con cada una de tus caricias y de tus besos, con cada uno de tus gestos y manías, con tus momentos, con tu voz, con tu cara, con tu olor. Y pasé horas ahí, observando la "nada". Mirando casi sin parpadear lo que hacía ya tanto tiempo se había esfumado. Lo que tanto había querido y tanto extrañaba -aunque no lo admitiera-. Reviví, una vez más, la primera vez que te ví, la primera vez que me tocaste, que te toqué, la primera sonrisa y los primeros nervios, la primera vez que me besaste y la primera vez que te sentí a mi lado. Recordé todo, tanto lo bueno como lo malo. Y, como todo, hay una primera y una última vez... y tu última vez también sigue presente en mí.